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UN EPIGRAMA PARA ERNESTO CARDENAL, por ALEJANDRO TARRUELLA

Te conocí en la mesa de madera turbia de El Covadonga
cuando Juan Gelman me leyó “Hora cero”
 un anochecer de primavera de Buenos Aires;
 el río ancho frente a nuestros sueños y tus versos
 bajo la luna sur del sur del mundo.
                                   Buenos Aires, 2 de marzo de 2020